Antecedentes históricos y situación constructiva previa a la intervención

El monasterio de San Salvador está situado en la confluencia de los ríos Narcea y Nonaya, en la localidad asturiana de Cornellana, en el concejo de Salas, y está catalogado como Monumento Nacional desde 1931.

El origen data del año 1024, de acuerdo al documento fundacional por el que la infanta Cristina, hija del rey Bermudo II de León, fundó el Monasterio de Cornellana a partir de un conjunto de propiedades y una Iglesia que había edificado junto con su difunto marido Ordoño el Ciego.

El desmembramiento de la propiedad del monasterio vino motivado por sucesivas herencias familiares hasta que fue donado en 1122 a la orden de Cluny, tras lo cual se comenzó a construir un claustro de usos benedictinos (pandas este y posteriormente oeste) y a partir del siglo XIII la reedificación de la iglesia.

Hacia el siglo XIV parece desaparecer la influencia de la orden de Cluny y el monasterio se ve afectado durante la Baja Edad Media por los movimientos nobiliarios que azotan Asturias, a pesar de lo cual los monjes consiguen completar la construcción del claustro.

Posteriormente, no cumplida la mitad del siglo XVI, el monasterio pasa a formar parte de la Congregación benedictina de Valladolid y comienza una larga reedificación de todo el complejo incluida la iglesia.

Es en el XVII cuando sobre la fachada románica se adosa la existente actualmente. A continuación los monjes acometen la reconstrucción del claustro, comenzando por la fachada que se adelanta pisando media torre de la iglesia. Poco a poco, pero en menos de un siglo se completa la reedificación del mismo, manteniendo las dimensiones del medieval pero aumentando sensiblemente la anchura y altura de las pandas.

El comienzo de la época contemporánea supone el principio de la ruina del monasterio. Los franceses, durante su dominación, utilizaron el cenobio como caballerizas, pasando a incendiarlo a su marcha. Luego, aunque se le privaron de todas sus propiedades, los monjes pudieron volver al monasterio en pleno proceso desamortizador. Al final, incluso los edificios fueron vendidos a particulares, utilizando el nuevo propietario las instalaciones monacales para la ubicación en ellas de una fábrica de manteca.

En 1878 la Iglesia consiguió comprar nuevamente el monasterio que pasó a manos del Obispado de Oviedo.

En 1931 se logró su declaración como Monumento Nacional. Una vez finalizada la guerra civil, se llevaron a cabo los proyectos de restauración de la iglesia, la torre románica y parte del claustro.

El monasterio se mantuvo en un estado de abandono considerable durante el último tercio del siglo XX, presentando abundantes daños, incluyendo dos derrumbes de la cubierta, que hacía necesaria una intervención encaminada a su rehabilitación.

Objeto de la intervención

El objetivo de la intervención actual, incluida dentro de otro proyecto anterior más ambicioso, en el que incluso contemplaba la adecuación de parte del inmueble para la instalación de un hotel y que no llegó a ejecutarse, fue principalmente la renovación de las cubiertas tanto del monasterio como de la iglesia y sus torres.

Esta intervención incluía una nueva estructura de cubierta para el monasterio, dañada por diversas patologías originadas principalmente por las filtraciones de agua, así como una racionalización de la solución, ya que parte de la estructura existente era metálica con tablero de fibrocemento, fruto de intervenciones anteriores de cuestionable acierto.

Por otro lado, al actuar sobre las cubiertas, también se debía de buscar la compatibilidad de la actuación con los aleros del monasterio, de importante valor, incorporando soluciones constructivas encaminadas a la recuperación del mayor número de piezas originales.

Criterios de intervención y solución adoptada

Una vez determinada la necesidad de la renovación completa de la estructura se propone un nuevo esquema, prescindiendo de los elementos triangulados principales, cerchas, para cambiar la tipología estructural a una par-hilera que, llegado el caso, permita un futuro aprovechamiento bajocubierta.

Para renovar la estructura de cubierta se recurrió a cabios de madera laminada, de la especie Picea abies, de clase resistente GL24h apoyadas inferiormente sobre nuevos zunchos de hormigón armado en la coronación de los muros de piedra. Para el apoyo superior se ejecutaron unas pilastras de fábrica de ladrillo, apoyadas sobre los muros de carga del monasterio, con una separación entre ellas de aproximadamente 4 metros. De pilastra a pilastra se colocaron vigas de cumbrera, de la misma madera, en la que se ensamblan los cambios.

Los aleros

En lo referente a los aleros, se distinguen cuatro tipologías diferenciadas. En primer lugar, los aleros del claustro, que destacan, junto con el alero del frontón, por el nivel de tallado de los canecillos originales. En segundo lugar, el alero del frontón de la fachada principal, también de un tallado muy elaborado, formado por dos canecillos superpuestos de los que descuelgan elementos esféricos. En tercer lugar, el alero de la fachada principal, parte del cual había sido renovado recientemente y el cual descansaba sobre la cornisa de la fachada barroca. En cuarto lugar, una tipología general para el resto de aleros del edificio, que en su mayoría había desaparecido.

En los tres primeros casos se buscó la recuperación del mayor número piezas posibles, recurriendo en caso de no ser posible a la misma especie de madera original, castaño (Castanea sativa), para su reemplazo.

Para la formación del tablero de cubierta se recurrió a un panel sándwich, con tablero contrachapado de okume por la cara interior, 100 mm de aislamiento y tablero de aglomera hidrófugo por el exterior.

En la cubierta de la iglesia y de las torres no se sustituyó la estructura metálica existente y se optó por cambiar el tablero de cubierta de fibrocemento por un contrachapado de okume de 22 mm de espesor.

Procedimiento de trabajo

A la hora de abordar los trabajos resultaba importante establecer diferentes procedimientos según se tratase de la planificación de los trabajos de la estructura principal de cubierta o bien de los aleros, a pesar de que finalmente ambos deberían de confluir en la formación de cada uno de los faldones y así del conjunto de la cubierta.

Para la estructura principal, las posibilidades estribaban entre tallar y ensamblar en obra cada una de las piezas  (más de 300 entre cabios, limas y cumbreras) tomando medidas in situ para cada una de ellas conforme se fuesen colocando, o bien realizar el trabajo en taller, utilizando métodos más avanzados, como el modelado 3D del conjunto de la cubierta para posteriormente realizar el tallado por CNC (control numérico asistido por ordenador).

Las ventajas del segundo método parecían evidentes. Por un lado, la anticipación podía resolver la geometría, nudos, encuentros, etc. previamente al inicio del montaje. Por otra parte, la reducción de plazos de ejecución, tanto de despiece como de montaje. Finalmente, también el incremento de la precisión y la calidad de acabado

Así, inicialmente, durante la fase de desmontaje de la cubierta existente, se tomaron en obra los datos geométricos necesarios para poder realizar el modelo en oficina técnica y contrastarlo con todos los agentes intervinientes en la obra.

También, durante esta fase, se numeraron todas las piezas de los aleros para trasladarlas a taller y proceder a su valoración y recuperación, según el caso. Solamente las piezas del claustro sumaban más de 400 unidades entre pares y canecillos.

Aprobado ya el modelo 3D el siguiente paso consistió en definir altimétricamente el apoyo de las piezas, de manera que se trabajase en la coronación de los muros de apoyo, a la vez que se iba realizando el trabajo de tallado en taller mediante CNC y la posterior aplicación del tratamiento protector.

Con ambos trabajos terminados, todo quedó listo para iniciar el montaje.

Montaje

Afrontar un montaje de esta magnitud y además en una obra de rehabilitación, requiere una planificación importante de la secuencia de ejecución, no solo en lo referente a que otros tajos puedan entrar en la obra de manera que se produzca un correcto solapamiento de actividades, sino también de la determinación de aquellas piezas clave que deben de ser colocadas en primer lugar, bien porque son soportes de otras o bien porque son piezas de control del montaje, en las que podemos verificar si los resultados están siendo los deseados o bien ha surgido cualquier problema.

Esta secuencia de montaje influirá en el orden de producción en taller, en el empaquetado de las piezas y en el suministro a obra.

En lo que se refiere a los aleros, finalmente el estado patológico resultó elevado. Se recuperaron casi la totalidad de las piezas del claustro. En cuanto a canecillos, los pares de esta zona, más expuestos al agua, así como las piezas de los aleros de fachada hubo que reproducirlos casi por completo. Como se indicó anteriormente, para ello se utilizó madera de castaño autóctona.

Las piezas se suministraron en obra con las cabezas ya talladas y aproximadas al largo, de acuerdo al modelo 3D, pero para ajustar en obra.

La planificación de todo el trabajo disponiendo de diferentes equipos, según se tratase de la ejecución de la estructura laminada, aleros o tableros de cubierta, permitió finalmente realizar la totalidad de la cubierta de madera del Monasterio en un plazo de poco más de dos meses para más de 2.000 m2 de superficie.

Raquel Rois Hortas

Ingeniera de Caminos